martes, 1 de diciembre de 2015

DIA 20 SYDNEY (19 Noviembre 2015) By Adventure

Otra nueva mañana, otro nuevo día para retomar nuestras apresuradas desventuras por la ciudad de la Bahía. Las temperaturas iban en ascenso, según las noticias, y ya se había desencadenado un incendio en el estado de Victoria, capital Melbourne. Se esperaba que para el viernes (el día que partíamos a Hobart (Tasmania)) hubiera una fuerte hola de calor, y era tema de conversación constante en cualquier sitio, comercio o bar en el que descansaras un momento de la dura jornada de un turista. 

Tras recorrer nuevamente el Hyde Park, y tomar una nueva visión de la Catedral de Santa Maria de la Cruz, degustar sus impresionantes vidrieras y admirar su interior en cruz griega de estilo gótico, salino nuevamente al abrazar sol. Ibamos saltando de una sombra a otra para intentar que este hemisferio no acabara con nuestra maltrecha piel. 


Cruzando el parque, y llegando a la Market Street, nuestra primera parada se realizo en el centro comercial Westfield. Lo interesante de este edificio es que alberga el monumento más alto de la ciudad, la Sydney Tower, desde donde se pueden contemplar unas vistas de 360 grados de toda la ciudad. En la planta 5º, compramos nuestras entradas y decidimos en ese momento que íbamos a dividir el día en dos partes, dejando la de más calor entre las 2 y las 5 para hacer un descanso y almorzar de una forma civilizada en el piso de Dave. Desgraciadamente sólo contemplaremos Sydney desde el mirador, pues el SkyWalk, es decir, la opción de salir fuera y circunvalar el mirador en su parte más alta, no permitía cámaras, y como sabréis eso es una parte fundamental de algunas, que no todas, as actividades. 


Seguimos nuestro camino, la torre esperaría hasta la bonita luz del atardecer para realizar unas espléndidas panorámicas, y nos dirigimos al Victoria Queen Market. 


Un edificio espléndido que ocupa toda una manzana, y que tiene un estilo puramente victoriano. Si te sorprende el exterior, el interior esta llenos escaleras, pasillos, tiendas y un sin fin de ornamentos, agradables y nada cargados , que hace que tu paseo por el interior quede a perpetuidad en el recuerdo. 

Allí, contemplamos un árbol de navidad de tres planas, hicimos la carta a Papa Noél y en definitiva nos introducimos tangencialmente y poco a poco en la Navidad. 


Seguimos nuestros recorrido urbano, admiramos el ayuntamiento, que sólo permite visitar una sección de sus salones, nos paseamos por el barrio español; contemplando los exquisitos menús escritos en nuestro idioma, el barrio chino, el jardín chino, y en la zona de zona de la bahía en la que se encontraba el acuario se levantaba unas tremendas grúas y se insinuaba una macro estructura en evolución. 
Pero… ¿A dónde nos dirigíamos? La pregunta se contesta por si sóla, a dónde no va nadie excepto los asiáticos, al “Mercado de Pescado”.


 Y para llegar allí, recorrimos un sin fin de calles, por que Sydney es una ciudad ordenada, cierto, pero no es menos cierto que sólo en la zona del centro, en la zonas más periféricas con tanta entrada y salida de bahías y finger; las carreteras se entrecruzan y a veces es complicado orientarse. Finalmente, tras cruzar una gran autopista, nos tropezamos, literalmente con el Fish Market. Era una gran explanada, con varios edificios, en el edificio azul central, dónde se encontraba dos grandes puertas abiertas y llenas a rebozar de asiáticos. Entrar y encontrarnos en medio de una manifestación a favor del color amarillo todo fue uno. Te encontrabas como en otro país dentro de otro país siendo forastero. U gran pasillo, con dos extremos bien diferenciados y puestos de seefood, con pescado, marisco, cosas que son entre pescado y marisco, frescos, vivos, casi vivos por que les quedaba poco para estar cocidos, cocidos, y todo con mucho queso por encima. Vierias con queso, langosta con queso, cangrejo con queso…sin comentarios. 


No era exactamente lo que esperábamos, pero para ser uno de los mercados de pescado más grandes del mundo, teníamos puestas otras ilusiones. Sin embargo sí hicimos cosas de provecho: 1) fijarnos que el salmón tasmano era muy apreciado; 2) comprar una trucha que decía: “cómeme” y 3) consumir verdura ecológica y local. 

Tras realizar la compra, y viendo que hacía demasiado calor para volver caminando con nuestra material culinario, paramos un taxi, y en menos de 10 minutos estábamos subiendo el ascensor que nos llevaría a la cocina de Dave. 

Preparamos una maravillosa trucha al horno y tras el almuerzo, amén de escribir en el blog, nos subimos al piso 29 para pasar una agradable media tarde en la piscina mientras rato si rato también  hacíamos guiños las remozas vistas. 



Era las 6 de la tarde cuando nos encaminamos nuevamente al Westfield Centre, otro paseo por el Hyde Park, otro nuevo momento de fotos. Antes de subir al mirador, teníamos una sesión de cine. Se trataba de una sala 4D, nos fijábamos unas gafas rojo y azul, y mezamos a disfrutar con una introducción a Australia, sus bondades, mientras a veces nos daba el aire, a veces luces, intentando recrear sensaciones; no era maravilloso, pero si divertido.


 Tras la salida, el fotomatón, nos esperaba una australiana de orígenes asiático cámara en mano, ante una pantalla verde, esperando nuestras mejores caras o nuestros mayores disparates; y al fin el ascensor.

 Las dimensiones estrechas, la forma de “quesito” del tribial, y ala, a subir un piso tras otro. 
Según llegamos un selfie, y luego a pasearnos por el entramado de escaparates de cristal para contemplar las vistas de un lado y de otro y esperar el ocaso, mientras como no se hacía fotos de diferentes zonas, posturas, foto con modelo, sin modelo y ….hasta nos copiaban la forma de hacer foto, incluso querían que saliéramos en sus fotos…una autentica locura. 


El ocaso con sus cambios de color llegó, y finalmente se contemplaba la ciudad iluminada, adquiriendo nueva vida. 


Y nosotros aún teníamos una ocupación más. Debíamos ir a unos de los puntos en los que se puede contemplar la bahía con el Skyline y la Opera Houese con el Puente viejo detrás. El Mrs Macquaries Point. 
Para llegar allí, reíamos volver por el parque y seguir la Art Road hasta el final. Al llegar, comprobamos que era tan buena idea que estaba llena de turista recreando sus ojos y sus cámaras. Nos pusimos en acción y sacamos un autentico book a las vista. La foto nocturna no es desdeñable y menos sin trípode. Improvisamos uno, e incluso recibimos consejos de unos austriacos bien avenidos pero que había tomado casi todas sus fotos movidas. 



Cumplida nuestra tarea, y recreando a pié a nuestro domicilio, preparamos una cena, hablamos un rato con Dave y finalmente nos despedimos, otra vez madrugábamos y el traicionero despertador sonaría a las 5:00 am. 

6 comentarios:

  1. Nefelo: ¡¡¿Un barrio español en Sydney?!! :-O ¿Y eso cómo es? Contad algo más, please.
    La foto del yacuzzi me suena pero, no sé, no sé..... ;-D Y la de la puesta de sol espectacular.

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    1. Pues solo te puedo decir que vimos como tres restaurantes... Pero seguimos nuestra ruta....sin dedicarle más tiempo.... Jiji.
      Te sueña la foto del jacuzzi????? Como es eso?
      Si... La puesta de solnfue genial...bssss

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  2. Emoción, día variado y guay, la catedral....esa vista desde la pool yuossss d lujo, hacer el almuerzo n "casita"....Me encanta la de usteds con el Koala jijijijuju.....la última de Efrén tb!!

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    1. La verdad que fue un día genial... Y la foto con el Koala... Una turistada.... Pero de vez en cuando... Hay que comportarse como lo que somos.... Turistas... Jiji. Bssss

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  3. Muy bonita tb la ciudad de noche , q rica comidita y el bañito desde las alturas q tal¿

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    1. Pues por la noche la ciudad tiene un encanto especial, la verdad.... Y el baño ... Espectacular porque cuando llegamos no había nadie en la piscina... Un lujo "oceánico"... Jajaja

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