El día empezó con un sonido insistente de un despertador a las 4:30 de la mañana; el avión esperaba nuestros cansados cuerpos para trasladarnos a la ciudad de Sydney. Con nuestras inseparables maletas nos dirigimos a por un taxi y en menos de 20 minutos desde el centro de la ciudad de Cairns nos encontramos en el aeropuerto.
Necesitando aún un gran café, y pensando en dónde lo íbamos a tomar nos colocamos en una cola interminable, de la que nosotros éramos los que dábamos la vez, y nos precedían un ingente número de asiáticos. La mañana era plácida, nosotros unos viajeros experimentados y este otro aeropuerto más en nuestras vidas. De repente una voz: “Alguien para Sydney”, y otra que respondía: “we, we..”, no onomatopeyando al vocablo francés, si no exaltando el “nosotros, nosotros”. Pero ¿Qué ocurría?, ¿Por que llamaban a este vuelo tan temprano? Sin lugar a dudas, era el sueño el que nos tenía a cámara lenta, el que nos confundió, el que nos llenó de una ignorancia plácida. Sí, nos habíamos equivocado de hora.
Inmediatamente la descarga de adrenalina invadió nuestros cuerpos, facturamos, y acto seguido a una nueva cola de seguridad, tras ella buscamos nuestra puerta, y pasamos para embarcar y sentarnos en nuestros asientos, momentos después el avión despegaba rumbo a una de las ciudades más conocidas de Australia, y nosotros recitamos el mantra de los que escapan de un infortunio en un viaje con tantas paradas.
Sydney se vislumbraba despejada, con una vista de pájaro que delimitaba sus corales bahías, y su irregularidades de casas y zonas acuáticas que tan característica la hace. Llegamos a casa de Dave en un taxi, subimos al piso número 13, y nuestro amable casero nos mostró las dimensiones del mismo y nos llevo a degustar la vistas desde las alturas (piso 29). Nos encontrábamos en uno de los laterales de conforman el rectangular Hyde Park. Desde ese punto podíamos contemplar los edificios del skyline, la Sydney Tower, El puente de Sydney y la Opera House. También se podía divisar parte de la bahía. Tras una charla con Dave, dejamos nuestras maletas, pues la habitación aún no había sido preparada y nos lanzamos a la aventura de la ciudad.
Tras recorrer Hyde Park en su mismo centro, nos íbamos encontrando con el movimiento de una gran urbe, de sus turistas, de gente haciendo deporte, de los ejecutivos, de los manifestantes. En otros de los lados del cuadrilátero del parque, la iglesia de Santa Maria de la Cruz, pero nuestro destino final era la bahía. Acortamos por la Art Road, y nos pareció buena idea tomar un rico tentempié sobre las 12:10 pm, para descansar del intenso calor y contemplar la ingente cantidad de gente haciendo deporte, prácticamente de todas las edades, sin distinción de género, con todo tipo de calzado, con todo tipo de vestimentas, con y sin música, en grupo o solos, por parejas o por tríos, allí todo el mundo hacía un running sin precedente; lo cierto que daba auténtica vergüenza estar comiendo en medio de ese torrente de vigorexia.
Despidiéndonos momentáneamente de la Art Road, y dejando atrás el museo, nos internamos en el Jardín Botánico; era una excusa muy útil para degustar la sombra de los maravillosos árboles frondosos, y los descansos en bancos ó mirando a lagos mientras hidratábamos nuestros cuerpos. Fue muy sencillo aproximarnos a la bahía, y empezar a vislumbrar la Opera House en todo su esplendor. Como podéis imaginar hicimos todos los planos posibles de este a oeste, con puente y sin él; dimos apoyo a otras personas que querían realizarse fotos, y cuando ya creíamos que no podíamos encontrar un nuevo plano en el que salir o con el puente o con la Opera House, pues íbamos y copiábamos las ideas de algún asiático atrevido.
Hicimos gala de nuestro afición en la búsqueda de un visitor centre, pero tuvimos mala suerte con la orientación, tras una breve comunicación con una antipatiquísima vendedora de tours, nos dirigimos a la zona llamada The Rocks.
Esta zona de Sydney, era un antiguo barrio levantado por los convictos, unos de los últimos de hecho, y nos llevaba a una situación justa debajo del puente. Este puente también denominado puente viejo, fue construido en la época de depresión, allá por los año 30, costó la friolera de 65 millones de dólares australianos, terminado en los 60, la deuda no fue saldada por el estado australiano, hasta bien avanzado el año 1988.
The Rocks, en estos momentos ha sido completamente restaurado, y se ha convertido en un icono de la ciudad. Por sus calles, se pueden encontrar casas de estilo colonial, que ahora sirven de asiento a multitud de negocios, principalmente cafés, restaurantes, algunas tiendas de moda, peluquerías…También se pueden encontrar lugares de moda, dónde la gente más selectiva de Sydney viste sus mejores galas (aunque no por ello estén más bien vestidos-según nos comenta un argentino afincado allí) para pasar una velada inolvidable, nosotros obviamente con nuestras pintas se nos permitió el paso por que eran las 15:00 de la tarde.
En una estupenda pastelería de ascendencia belga no tomamos un cafe/batido, y descansamos del duro día. Allí descubrimos que la población hispano parlante no hay que denostarla en la ciudad, y hasta tres personas que trabajaban en el local procedían de países afines, encontrados allí por temas de trabajo pero también para aprender el inglés de forma fluida (seguro que a ellos se le permitiría sentarse en la entrada de emergencia).
El día para nosotros no había llegado a su fin, decidimos tomar un ferry con destino a Manly, para disfrutar de las vistas de la bahía. Hacía viento pero el clima era agradable, llegados a Mainly esperamos al atardecer en un agradable muelle, mientras veíamos como los colores del sol depuesto iluminaban el cielo de ámbar y rosa violeta. El regreso fue algo más duro, pero esperamos pacientemente para disfrutar del skyline, y la hermosa visión del puente y Opera House iluminados.
(Nota Cris: Al llegar a Sydney me di cuenta que me había dejado las gafas de sol graduadas en el coche de alquiler de Cairns….así que nada más aterrizar contacté con la empresa de alquiler de coches, a ver si me las podía mandar por transporte urgente a Sydney, pensando que en 24h podrían estar en nuestro nuevo destino…..que inocente era yo por esas fechas….)





Las gafas graduadas!! Ay mi niña q mala suerte!
ResponderEliminarSidney es mucha Sidney.......guay el alojamiento, la ópera, vistas d la city.....esa comidaaaaaa ummmmm
Ay Bea.... No lo sabes bien.... Pero sino olvido algo en algún viaje no soy yo.... Y sí... Sydney es mucha sydney.... Me encantooooooo'
EliminarNefelo: Pues sí que tiene buena pinta el nuevo alojamiento. Y la ciudad también. Con respecto a lo de las gafas, no te preocupes Cris que eso es solo la edad. ;-)
ResponderEliminarEl alojamiento de Dave, estaba fenomenal y la cama supercómoda, con baño propio y todo.... Y las vistas desde la pool y el jacuzzi.... Sin palabras.... Lo de la edad.... Ya lo hablaremos... Muach muack
Eliminarun tercer disco duro llamado OPERA como si lo estuviera viendo y viviendo...
ResponderEliminarJa, Ja, Ja....no lo sabes tu bien...
EliminarTremendo apartamento y las vistas al atardecer preciosassss
ResponderEliminarEso mismo pensamos nosotros... Jajajaa.... Lanpena fue no tener más tiempo para aprovecharlo más!!!!!
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