Otra vez en pié, otra vez nos levantamos al alba y nos acostamos con la noche más oscura como boca de lobo. Tras hacer de nuevo nuestro equipaje, descubrimos una actividad frenética de LesLey en la cocina, que disponía de un amplio espacio y una inmensa barra que la dividía entre la zona de trabajo y la zona de comedor.
Estaba preparando un abundantísimo desayuno a base de: zumo, mermelada, tostadas, croissant calentitos, macedonía de frutas, cereales…es quizás el mejor desayuno y en esto incluyo los hoteles en los que nos hemos quedado, por que a parte de ser abundante era casero, y estaba presentado en esa enorme casa, por esa persona tan amable; fue un grato placer degustarlo (apunte de Cris: y eso que antes de acostarnos nos preguntó ¿qué queréis desayunar? a lo que tanto Ron como nosotros dijimos naaaaa.un té y unos cereales…)
Con la ayuda de Ron, un ingeniero de Brisbane que retornaba a casa para estar mas cerca de su novia que se encontraba en horas de buena esperanza, llegamos a la terminal domestica en menos de 10 minutos, lo que nos dejaba el tiempo suficiente para facturar y aprovechar nuestra horas muertas en revisar fotos, escribir el blog ( ¿creías que nos dejábamos amilanar por el madrugón, y desperdiciar esas horas en reposar como zombies antes del siguiente salto?, que poco nos conocéis si se os había pasado por la cabeza esa idea.)
Un salto más, esta vez entre Perth y Brisbane. Esta última ciudad en principio no la íbamos a visitar, nuestro destino final era Cairns; pero aprovechando la parada técnica que nos permitía nuestro billete, decidimos pasar una noche para descubrir esta ciudad que se levantó entre los meandros del río Brisbane del que tomó su nombre.
El vuelo de unas 4 horas y 40 minutos, en las líneas aéreas de Virgin fue normal, paso sin pena ni gloria. Allí advertimos una peculiaridad de las líneas aéreas, disponían de un wifi interno para conectarse a una App, en la que entre otras cosas podías acceder al entretenimiento a bordo, pero sin App, tocaba o dormir, o leer o escuchar música para que el tiempo pasara fugazmente.
La llegada a Brisbene y nuestro consiguiente desplazamiento al centro de la ciudad para llegar a un apartamento pequeño pero acogedor (al menos eso parecía en las fotos), pasó ante nuestro ojos mientras se intentaba contactar con el dueño. Se trataba de un hombre joven que era profesor y estudiante, bueno el caso es que no nos podía enseñar el apartamento, así que finalmente sería el hermano de la novia, el que acudió a nuestro encuentro. La habitación muy justa, las vista increíbles en el piso 53, pero las áreas comunes, amén de no haber visto las habitaciones privadas, algo desastrosas.
La cocina tipo americano que daba directamente a un salón sobrecargado de flores secas y de plástico, y en cualquier lugar se depositaba un bol o un plato con galletas, frutos secos, chuches…en fin, no dejaba de ser extraño todo aquel panorama. Pero eso sí, tenía wifi, y con él nosotros contacto con el mundo.
Ajustamos nuestras pertenecías a los estrechos espacios de la habitación, y después salimos a conocer la gran ciudad.
Los ánimos bajos, pues estábamos trasnochados y aunque la ciudad rebosaba vida por doquier, nuestro objetivo principal era tomar unos buenos alimentos. Con poco conocimiento de la ciudad, buscamos entre nuestras guías para orientarnos, allí nos informaban que las calles de norte de sur tenían nombres de reinas y princesas y las de oeste a este de reyes y príncipes. La primera parada en un centro comercial cercano a la torre, fue totalmente infructuosa, así que nos dirigimos por una de las principales vías (Georges St).
En esta ciudad los grandes edificios respetaban a las construcciones coloniales, con una buena armonía. Pero claro, las temperaturas que se estaban alcanzando y la perdida de fuerzas; hizo que finalmente llegáramos a la plaza del City Hall, y allí en frente de este edificio de estilo neoclásico que es sede del Ayuntamiento, disfrutando de su torre de claro estilo renacentista italiano, deglutamos un menú puramente inglés, y refrescamos nuestras secas gargantas.
Una vez recuperadas la fuerzas y el sol cayendo en poniente, se hizo evidente los atractivos de la ciudad: en cada páramo encontrábamos un lugar dónde realizar una foto, aunque todo hay que decirlo si no existiera lo inventariamos y allí se haría una foto.
Nuestros pasos nos llevaron al Río Brisbene, allí en unos de sus meandros nos dimos cuenta del extraordinario tráfico fluvial. Los ferrys de diferentes colores y en diferentes horarios se afanaban en llevar y traer locales y turistas de ambas orillas. Así que decidimos que lo mejor sería admirar esta ciudad desde la perspectiva del río.
Unos billetes y unos minutos de espera fueron más que suficiente para estar plantados como nativos de la ciudad en los bancos del ferry. Y mientras nos alejábamos de la orilla, podíamos comprobar como se abría ante nuestros ojos una nueva visión de la ciudad, mas cosmopolita, más moderna, más acogedora. La idea era estar un par de paradas (como el que toma la guagua) y luego volver; pero la situación iría por otros derroteros.
Nos bajamos en la estación de Sydney, para tener una perspectiva fotográfica adecuada, y tomamos el ferry siguiente, pero este en vez de volver a la ciudad, siguió el curso del río en su descenso al mar. Sin embargo no nos amilanamos, si no que lejos de eso, disfrutamos de la fresca brisa y contemplamos el hermoso paisaje costumbrista que se dibujaba a ambas orillas.
Nos explicarían posteriormente que habíamos tomado uno de los últimos barcos, y en el embarcadero que nos teníamos que apear para quedar mas cerca de la torre dónde estaban nuestros bártulos. Es decir, lo que iban a ser un pa de paradas, se convirtieron en más de una hora de deleite por el módico precio de 12 dólares australianos.
A pesar de quedar cerca de nuestro domicilio, prácticamente arrastrábamos los pies, el día había sido muy largo y se nos quedó por visitar una de las zonas culturales más importantes de Brisbane, el South Bank… era allí dónde se situaba el teatro, el Brisbane Arena, la noria, los sitios de solera para disfrutar de una copa y buen baile….y mientras nosotros de camino a nuestra habitación liliputiense, pues al día siguiente debíamos viajar. Al llegar al domicilio tuvimos un pequeño problema con los ascensores, y es que al disponer la torres de 8 ascensores dependiendo del piso debías tomar uno u otro; esto te lo indicaba un lector que en un principio pensamos que lo hacía aleatoriamente, pero no, así de buena fue la explicación de nuestro desconocido amigo. Y tan desconocido, no lo vimos en la cena , ni lo veríamos en el momento de nuestra partida, si nos dijo que tuviéramos un buen viaje: !Muchas gracias desconocido y buenas noches!




Nefelo: ¡¡Menudos desayunos y almuerzos que os metéis entre pecho y espalda!! Todo tiene muy buena pinta. La ciudad también parece bastante moderna.
ResponderEliminarAlguna foto desde el piso 53, please. Las vistas desde allí arriba deben ser magníficas.
Pues sí mi querido Nefelo... Hambre no se puede decir que pasemos... Jiji... Ya te pasaré alguna fotillo!!!! Bsss
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